sábado, 28 de julio de 2018

Una Letanía Rasgada



¡Hola a todos! Últimamente, estoy que no paro, ¿eh? Loco me traéis, ¡loco! Todo lo que no he podido hacer durante el tiempo que estuve estudiando oposiciones, lo quiero hacer ahora de seguido: Estoy traduciendo una larga serie de artículos para Igarol, que podéis encontrar pinchando aquí; también estoy convirtiendo una aventura de Ricard Ibañez para el Heraldo de Altdorf y por supuesto, ando elaborando más cosas para el blog. 

Concretamente, esta aventura era algo que hacía mucho tiempo que quería traducir. Como podréis imaginar, me ha costado un mundo condensar toda la información en castellano en sólo dos página. Anda que las he encajado más finas que Georgie Dann encajando rimas veraniegas, pero creo que lo he conseguido con un resultado aceptable.

Espero que os guste y que os resulte útil (a mí personalmente, mucho, puesto que se trata de algo que me querría emplear en uno de mis juegos favoritos, Torchbearer). Así que sin más presentaciones, os dejo con las palabras de su autor, Michael Prescott, de la página de Trilemma Adventures:

Este fue un escenario que inventé  hace algunos años para una prueba de juego de Torchbearer; aunque, por supuesto, en aquel momento se trataba de unos pocos garabatos y viñetas, en lugar de mapas limpios y un PDF.

Andaba fascinado con un estilo y ritmo que había visto en una mazmorra de una página, 'Zombies Elfos': Los jugadores van atravesando cosas cada vez más espeluznantes, hasta que finalmente el techo se desploma y de repente se encuentran todos luchando por sus vidas. Torchbearer trata en gran medida, de la logística de la mazmorra; los jugadores están constantemente al tanto de la carga de sus mochilas, el limitado espacio que tienen para cualquier cosa extra, y la corta distancia que su comida y su luz les permitirán viajar hacia (o desde) lugares oscuros y peligrosos.

El desarrollo del escenario fue lento; los dos aventureros fueron avanzando poco a poco a través de la entrada, buscando y encontrando pocas cosas, y preguntándose dónde habrían ido a parar todas las puertas. Se entretuvieron un poco en el barranco después de enredarse con los arbusto vampíricos, lo que estuvo bien, ya que les volvió bastante desconfiados respecto a las ramas de los árboles en el claustro. Y cuando descubrieron lo que el árbol andaba haciendo, ¡se asustaron!

Sin embargo, eso no les disuadió de bajar al santuario en una escena cuyo recuerdo aún atesoro: El dúo trató de decidir qué arrojar para poder cargar más tesoros, mientras aún escuchaban el cacareo del Maestro, y el chapoteo de los no-muertos avanzando sobre ellos. Esto consolidó en mi mente la idea de que derrotar a la mazmorra no es el final de la aventura, sino el comienzo de lo que podría ser un largo y peligroso viaje de vuelta a casa, especialmente si te has dejado atrás el yesquero.

La aventura, como de costumbre, podéis descargarla pinchando por aquí.

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