lunes, 28 de marzo de 2016

Toki, ¡la reseña!





¡Ninguna fea bruja va a convertirme en mono! Pero eso es exactamente lo que pasó. En un minuto era el poderoso Toki, y al minuto siguiente andaba desayunando los piojos de mis sobacos…


Puede que TAD Corporation no sea la empresa de videojuegos más conocida de todos los tiempos, a fin de cuentas, duraron en escena seis años. Pero en tan sólo ese tiempo fueron capaces de firmar tres títulos que casi seguro que te suenan, Cabal, Heated Barrel y el que hoy nos ocupa. 
 

Si te digo JuJu Densetsu seguro que no caes, pero si te digo Toki, la cosa cambia bastante ¿verdad? Pues déjame que te cuente que hay una historia curiosa respecto al nombre de este juego, y es que el propietario de TAD en aquellos tiempos debía ser un cachondo, puesto que Toki fue lanzado así para mercado internacional por el nacimiento su hijo, a quien también le Toki, muy a su pesar.

Propaganda japonesa del juego soltando spoilers a cascoporro

 
Corría el año 1989 cuando se lanzó un título particularmente atípico de un mono que escupe, (si, eran los locos ochenta). Un mono que escupe bolas de fuego diseñado por Akira Sakuma, artista que fue coautor junto Akira Toriyama en el “Taller de Manga” editado en España en el 96, y que además ha sido cantante, escritor periódicos y demás parafernalia. Vamos, un hombre bastante polifacético. Como podéis imaginar, el juego posee un sentido del humor muy irónico, así que en esta ocasión nos tocará luchar contra monos que mantienen en el aire una terrible máquina de guerra a golpe de manivela, o un monstruo capaz de matarnos a golpe de eructos proyectados en forma de pétreas onomatopeyas. Y todo por rescatar a nuestra amada Miho de las garras del malvado Vookimedlo, un hechicero que nos ha transformado en Geeshergam (el nombre que reciben los monos enemigos), y que nos ha forzado a la venganza, en plan Liam Neeson pero con gargajos.   

El primo de Michelín llorando ojos contra escupitajos, mejor que Pacquiao vs Mayweather

Los ítems, como cabría esperar, tampoco se quedan atrás en toda esta historia. Están desde los clásicos power up, que aumentan la potencia del escupitajo, (con barra de fuerza incluida), el casco de rugby que te hace más resistentes a los golpes en la cabeza, o las zapatillas de deporte para saltar más alto. 

El desafío que nos plantea Toki transcurre tan sólo en seis niveles. Eso sí, bastante largos y bien despachados. Siempre se acusó a este juego de una excesiva lentitud de movimientos en el caminar del personaje principal, aunque lo cierto es que eso no es realmente importante.
La trampa de púas de la derecha, que también aparecía a modo de homenaje en Turrican 2...Ah, y unas plantas carnívoras voladoras

Los “tempos” que propone el propio juego respecto a saltos, disparos y celadas de mucha maldad, apenas te hacen percibir ese detalle, salvo que quizás estés acostumbrado a un Sonic corriendo al borde del infarto.
 La variedad, dentro de las típicas zonas de agua, fuego, cavernas de hielo y alguna otra cosa más inspirada, como la Ciudadela Dorada del hechicero, con vagonetas a lo Indiana Jones incluido, no es que sean el invento del milenio, pero sí que es verdad que te dejan un muy buen sabor de boca, a expensas de algunos momentos de dificultad exasperante, de estos que sólo superas mediante puro ensayo y error.
La consabida fase de las vagonetas pícaras, dónde teníamos un número limitado de oportunidades de continuar, y monos bastardos con armadura pesada

Toki es uno de esos arcade de plataformas que sin tener nada especialmente original, brilla por todas sus cualidades en dosis adecuadamente divertidas, el carisma de sus enormes sprites, y su trabajada música, pegadiza y ocurrente.


El juego tuvo, además, varias adaptaciones para consolas y ordenadores, siendo quizás, la más acertada, la versión para Amiga que nos sirvió la difunta Ocean, estudio que realizó una conversión impecable, a expensas de privarnos de un buen puñado de enemigos, pero que respetó todos los escenarios tal y como fueron imaginados para los salones recreativos.
Golgoth Studio intentó reflotar al clásico en una nueva versión en 2009; en 2016 aún seguimos sin noticias de él


No corrió la misma suerte la versión de Megadrive, que sólo conserva el nombre del juego y su concepto, pero que ni en lo gráfico, ni en lo que se refiere al diseño de niveles es igual al original, a pesar de ser muy buen cartucho que incluye detalles dónde se nota un buen intento hecho desde cariño.
Por último, distinta opinión merece la entrañable versión con la que nos sorprendió la Portátil de Atari, dónde se respetó el juego prácticamente íntegro, salvo por el ending, que era bastante chusquero. Aunque a pesar de toda esta amplia variedad de opciones, seguimos pensando que la mejor forma de disfrutarlo como ha de ser, es sin duda la placa original, con una jugabilidad inmediata y a prueba de bombas.


Lo mejor:
- Buena curva de dificultad.

- Gráficos coloridos e imaginativos.
- El sentido del humor

Lo peor:
- Demasiado corto, como casi todos los arcades de su tiempo.

- Que algunos crean que es demasiado lento.
- Alargar el juego con viejos trucos sucios respecto a la dificultad.

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