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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Black Tiger



Hace mucho, mucho tiempo, tres malvados dragones descendieron desde los cielos con un retumbante estrépito y destruyeron al reino hasta sumirlo en la oscuridad.
Tras un largo período de sufrimiento y espantosas lobregueces, un bravo guerrero acudió a plantar cara a ese terrible mal.


Black Tiger es un juego de plataformas aparecido en 1987, en el que encarnábamos a un poderoso bárbaro armado con un mangual, un buen manojo de dagas, mucha sed de venganza y un salto bastante inseguro.
Nuestro objetivo, como podéis imaginar, no resultaba nada sencillo. Cada uno de los ocho niveles del juego estaba formado por una endiablada serie de laberínticos pasadizos de plataformas y columnas. Para avanzar debemos desafiar peligrosos abismos y terribles enemigos que nos acechan a nuestro paso, teniendo en cuenta que cada salto resulta exigente y el control del juego es más bien hosco para los estándares actuales.



Las fechas rojas indicaban el camino principal a seguir, mientras que las azules eran atajos y bifurcaciones, capaces de llevarnos a grandes recompensas o a una muerte segura.

Algo debieron hacer bien con este juego, porque algunos años después, en 1990 Capcom renovaría la fórmula con el primo de zumosol de Black Tiger, Magic Sword, un título que añadía a estas mecánicas, la posibilidad de reclutar a varias clases de personajes, cada una con sus habilidades especiales, para ayudar a nuestro héroe en su escalada por una colosal torre de cincuenta plantas.


Como podéis imaginar, las instrucciones del juego eran complejísimas: Botón de salto y botón de ataque. ¿Sabéis qué ocurre pulsando ambos a la vez? Nada. No le busquéis los tres piés al gato.


Además de la posibilidad de morir despeñado o ensartado como un pincho moruno, el resto peligros a los que debíamos hacer frente resultaba de lo más típico dentro de lo que cabría esperar en una mazmorra: Trampas de varias clases, serpientes, rocas de estas, en plan meme “caen y todos mueren”…En cada uno de esos niveles debíamos rescatar a unos “chinos petrificados” que cuando eran liberados solían agradecértelo en forma de consejos, zenits, armaduras, más tiempo para completar el escenario o pociones de vitalidad. Los zenits, por cierto, eran bastante útiles para adquirir mejores armas y armaduras en tiendas dispersas por todo el mapeado.


En las tiendas teníamos oportunidad de mejorar nuestras herramientas de matar o aumentar el número de llaves que servían para abrir los diferntes  cofres repartidos por el juego (no, no se abrían sólos).


Recuerdo haber echado gran cantidad de partidas a Black Tiger recreativa en una peña “Novia del Sol”, que había justo detrás mi portal. Fue un juego muy especial. De hecho, logró enganchar incluso al propio dueño del bar durante las tardes. Muchas veces nos reuníamos después de ver los Caballeros del Zodiaco en Telecinco a observarle jugar, fantaseando sobre cómo sería el final de la máquina, y doy fe que conseguimos verlo.

Reconozco que el tío era especialmente habilidoso, pues yo nunca conseguí pasármelo con sólo cinco duros, y la máquina quedó absolutamente eclipsada no mucho después, cuando instalaron el Golden Axe y pasó al olvido, de forma un tanto injusta. Eran buenos tiempos.

El primer boss importante del juego y uno de los tres grandes dragones. Si llegabas a este punto sin haber mejorado tu equipo suficientemente, podías darte por muerto.

Por cierto, ese título de Black Tiger a día de hoy no tiene mucho sentido salvo si atendemos al slogan con el que aparecía anunciado, que decía algo así como, “ellos son dragones y demonios del infierno, ¡Tu eres el Tigre Negro!”. Casi parece un título de Heavy Metal. Y dices tú, menos mal que soy el Tigre Negro. Porque si ya me revientan a palos, no quisiera saber qué pasaría si fuese un fulanito cualquiera.


Recuerdo que este tipo de orcos, con el escudo gigante y el hacha me encantaban. Los había de todo tipo de colores y sabores. Me pregunto qué miniaturas podría usar para emularlos.


Desde un punto de vista técnico Black Tiger estuvo muy a la altura de sus tiempos, corría el año 1987 y poseía una paleta de 1024 colores, cosa que no estaba nada mal y estaba montado sobre una de esas placas pre-CPS-1, que también fue utilizada en otros juegos de Capcom del momento, como el mítico Commando.
Y además tenía ninjas, ¿qué más se puede pedir?

Dicen en Wikipedia que los gráficos eran preciosistas porque una paleta de 10 bits representaba el último grito de la época, sin embargo, la información es un poco inexacta. Lo curioso de este juego no son los gráficos. De hecho, un año antes, en 1986, el último grito respecto a colorido fue Darius, con una impresionante paleta de 8192 colores. ¡Eso sí era una salvajada masiva y a lo grande! Lo interesante era que la placa poseía dos chips gemelos Yamaha FM (YM2203). Esta peculiaridad hacía que mereciese la pena, porque lo que caracterizaba a Black Tiger era su súper sonido de los 80. El sistema FM permitía reproducir tres sonidos simultáneos a base de síntesis por operadores de frecuencia modulada, por lo que las composiciones de la banda sonora tendían a ser sorprendentemente barrocas, con tonos sombríos en plan órgano de tubos, algo que en su momento ayudaba muchísimo meterse en el papel del héroe. ¡Era la música que imaginaba para mis partidas al heroquest! Y si, hoy en día todo esto se antoja un poco entre lo cargante, y el típico organillo de cine mudo, pero en aquella época era la leche. Y en cierto sentido, hay que admitir que el manejo del mangual, las plataformas, y algunas melodías recuerdan muchísimo a otro clásico atemporal como fue Castlevania.

Encontrar tesoros ocultos por el escenario dependía del puro ensayo y error. El problema es que muchas veces las paredes ocultaban trampas en forma de chorro de llamaradas.

También es ese el quid de la cuestión. Black Tiger es un pastiche de diferentes clichés que resultan muy familiares. Un bárbaro único superviviente de un terrible desastre, unos esqueletos que surgen del suelo en plan Ghosts ´n Goblins, y otros detalles que te suenan, apenas comienzas a jugar.
 Sin embargo, el juego es muy bueno pese a la simplicidad de su argumento, puesto que hay una estrategia pequeña, pero inversiva y definida tras ese planteamiento tan manido, que garantiza cuanto menos una buena tarde de diversión matando orcos y bajando dragones a mangualazos.



Lo peor
-          A su manera, un brutal sucesor espiritual de la dificultad de Ghosts ´n Goblins.
-          El control no está pulido, alcanzar algunas plataformas complicadas tiene su aquel.
-          Algunos bugs hacían a determinados enemigos muy difíciles de matar y otros, excesivamente sencillos.
Lo mejor
-          Pocos juegos presentaron la posibilidad de mejorar tu salud, armas y armaduras antes que este.
-          Contenido profundo, con secretos a descubrir y rutas alternativas a seguir.
-         ¡Tiene ninjas, momias que escupen fuego y e incluso un draconiano samurai!, ¿¿de verdad hace falta que te lo explique??
 






2 comentarios:

  1. Era genial ese juego. Yo jugaba al salir del colegio, pero sería sobre el 89 o 90. En su momento me pareció la releche, igual la busco en la recreativa que tenemos en el curro a ver qué sensación me da ahora. Y así varío del King of Dragons.

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    1. A mí me gustaba mucho, pero pienso que es uno de esos juegos un poco olvidado. La mayoría de comentarios que he visto de gente que ha podido jugarlo a través de la emulación (y nunca conoció la máquina original) dice que el control no les gusta y critican que no se pueda cambiar de dirección en el aire, cuando estás saltando. Algo bastante lógico, por otra parte.

      Pero creo que en general, no se ha sabido valorar bien a Black Tiger y a su "pseudo-secuela" Magic Sword.

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