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martes, 29 de enero de 2013

Lamentation of the Flame Princess: The Hammer of god



La aventura toma su título de una de las obras de Arthur C. Clarke, con la que por cierto, no tiene absolutamente nada que ver

Antes de nada, he estado algunos días sin actualizar esto, porque, seamos sinceros, esto es un blog: No me da de comer, y he tenido que hacer frente a mis obligaciones, internet no iba especialmente bien y blablabla -inserte aquí una larga y aburrida perorata-.

Por otra parte, sé que os debo una reseña de Shadows of Esteren. No me he olvidado, el libro está de camino a mi casa y el PDF ya está en mi poder. La cuestión es que se trata de un material visualmente impactante, pero también lo suficientemente denso como para no precipitarme en diversos juicios de valor. Así que todo a su tiempo.

Volviendo al tema de la reseña de hoy...¡qué diantres!, un módulo de enanos. No sé por qué no lo había reseñado con anterioridad.

¿Módulo de enanos? Martillo al canto. El mejor dibujo de todo el suplemento, no busquéis más.
La cosa vuelve a comenzar con el sermoncito de turno del señor Raggi. Breve introducción de dos páginas y media acerca de la atmósfera en una aventura comercial, sus trucos como editor, lo que busca cuando es comprador, y el proceso creativo que le llevó a elaborar esta aventura. Quizás en un tono más profesional que en otros módulos, pero siempre esclarecedor e interesante.

 Me gusta que me vendan el producto. Que me cuenten su batallita siempre que puedan. Eso resulta un valor añadido al cuidado que pueda dedicarse a un libro de este tipo, más cuando hay tanta variedad dónde elegir.

La aventura en sí es un Dungeon, pero no un Dungeon cualquiera. Es un Dungeon que cuenta una trágica historia enana, una historia bastante sombría conducida por la mera lógica de la tradicional apreciación de la "cultura enana" en el mundillo rolero.

Esto si que es calidad, a la altura de Fernando Botero...O la última página de tu cuaderno del instituto.

Todo comienza con el típico descubrimiento de un mapa del tesoro en otras ruinas distintas a las que se presentan aquí. El problema es que algo huele a podrido en Dinamarca las minas enanas, pero mal, mal, ¿eh?. De hecho, el final de la aventura plantea algunas preguntas interesantes...Todo lo contrário que esa tendencia a la aleatoriedad/mortalidad con la que Edward Raggi estropea buena parte de sus módulos.

Aleatoriedad + Muerte gratuíta = Mala combinación. A ver si se le mete en la cabeza a este hombre.

No quiero que me malinterpretéis. Me gusta la vieja escuela como el que más, pero pienso que hay que dejar a los aventureros alguna probabilidad (por mínima que sea), de poder escapar a un destino fatal más allá de una simple tirada de dados desafortunada...O por lo menos un leve indicio de que meterse en tal o cual sitio puede conducirte a peligrosísimas tiradas de dados.

¡Ah! impagable la estancia que contiene la biblioteca. Se sabe que está curradísima por la calidad de las ilustraciones que acompaña al resto de la aventura: No dio tiempo para más.

En fín, el próximo día, que no sé cuando será, más cosillas. Espero que os gusten.


2 comentarios:

  1. Ey, pinta interesante. A ver si te veo y me cuentas más del mismo.

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  2. Si, he estado un pelín ocupado con un proyecto de mis estudios. A ver si esta semana vuelvo a las redes habituales.

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